jueves, 10 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
destino incierto
feriado de carnaval. me pregunto dónde andarás, jack sparrow.
lunes, 7 de marzo de 2011
clasificado
ofrezco palabras de amor ajenas, despertares ajetreados, caricias propias usadas, estupores enredados, lunas llenas, silencios esperanzados. hasta agotar el stock.
CONTRADICCIONES
Estuve pensando en estos días, acerca de las contradicciones de los porteños (ya no abarco a todo el género humano ni siquiera, a los argentinos).
Primera contradicción: conspicuos representantes (hoy) del gobierno nacional y adherentes a sus políticas, luchadores tenaces por la libertad de expresión, ponen el grito en el cielo porque el escritor peruano Mario Vargas LLosa será quien inaugure con su discurso la Feria del Libro de este año. ¿En qué quedamos, señores? Las autoridades de la Fundación que organiza la Feria tienen libertad para elegir a quien se les ocurra para ese acto, y el escritor -ganador del último Nobel de Literatura, además- puede estar en contra de los gobiernos populistas en América Latina... ¿o no?
Y se va la segunda (contradicción, obvio): luchamos en todos los ámbitos (y escribo "luchamos" porque adhiero a esa lucha en clase, en casa, en la calle) para que se acepte lo diferente, para convivir con la diversidad en lo que sea, en el género, en las capacidades, en las ideologías,en las culturas. Es una de las expresiones del espíritu de tolerancia: aceptar que no somos "iguales" a nuestros "semejantes".
Pero el mercado del turismo, por ejemplo, se propone recrear para quienes nos visitan, que son extranjeros, gentes de otros países, de otras culturas, de otros climas, con otras costumbres, todo aquello que los haga sentir "como en casa": hoteles internacionales, alimentación , bebidas, etc.
Y me pregunto, ¿a qué vienen? Creo que a conocer cómo somos... ¿entonces? Somos diferentes a los españoles, a los dinamarqueses, a los israelíes (que abundan en Bariloche). ¿Y qué les ofrecemos? A los que vienen con muchos dólares y con intenciones de gastarlos, hoteles cinco estrellas que reproducen a los que encuentran en sus países de origen. A los otros, hostels y lugares para alojarse semejantes a los que hallarían en cualquier ciudad de Europa.
No entro en el tema de los servicios y las comidas que se ha ido "universalizando", por proponer un término en desuso (me eriza la piel el otro, "globa...", ¡ouch!!). Según esta mirada de la contradicción, nos vamos diluyendo, desprendiéndonos de nuestras características para ofrecerlas a los otros como mercancía, como objeto de compra. El lema sería, entonces, "no aceptar la diversidad, sino disfrazarla". Seamos así -de esta manera, con estas costumbres- porque nos conviene para que los ingresos por turismo aumenten.
Seguiré pensando, entonces.
Primera contradicción: conspicuos representantes (hoy) del gobierno nacional y adherentes a sus políticas, luchadores tenaces por la libertad de expresión, ponen el grito en el cielo porque el escritor peruano Mario Vargas LLosa será quien inaugure con su discurso la Feria del Libro de este año. ¿En qué quedamos, señores? Las autoridades de la Fundación que organiza la Feria tienen libertad para elegir a quien se les ocurra para ese acto, y el escritor -ganador del último Nobel de Literatura, además- puede estar en contra de los gobiernos populistas en América Latina... ¿o no?
Y se va la segunda (contradicción, obvio): luchamos en todos los ámbitos (y escribo "luchamos" porque adhiero a esa lucha en clase, en casa, en la calle) para que se acepte lo diferente, para convivir con la diversidad en lo que sea, en el género, en las capacidades, en las ideologías,en las culturas. Es una de las expresiones del espíritu de tolerancia: aceptar que no somos "iguales" a nuestros "semejantes".
Pero el mercado del turismo, por ejemplo, se propone recrear para quienes nos visitan, que son extranjeros, gentes de otros países, de otras culturas, de otros climas, con otras costumbres, todo aquello que los haga sentir "como en casa": hoteles internacionales, alimentación , bebidas, etc.
Y me pregunto, ¿a qué vienen? Creo que a conocer cómo somos... ¿entonces? Somos diferentes a los españoles, a los dinamarqueses, a los israelíes (que abundan en Bariloche). ¿Y qué les ofrecemos? A los que vienen con muchos dólares y con intenciones de gastarlos, hoteles cinco estrellas que reproducen a los que encuentran en sus países de origen. A los otros, hostels y lugares para alojarse semejantes a los que hallarían en cualquier ciudad de Europa.
No entro en el tema de los servicios y las comidas que se ha ido "universalizando", por proponer un término en desuso (me eriza la piel el otro, "globa...", ¡ouch!!). Según esta mirada de la contradicción, nos vamos diluyendo, desprendiéndonos de nuestras características para ofrecerlas a los otros como mercancía, como objeto de compra. El lema sería, entonces, "no aceptar la diversidad, sino disfrazarla". Seamos así -de esta manera, con estas costumbres- porque nos conviene para que los ingresos por turismo aumenten.
Seguiré pensando, entonces.
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